Archivo de Diciembre 2009

Shen Long

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El día de hoy experimenté una de las más aterradoras cosas que le pueden suceder a un humano en la vida normal. Me extirparon dos muelas del juicio.

Hace aproximadamente dos meses le quitaron las dos muelas del lado derecho a Ket y, sus recuerdos no eran tan abrumadores como lo que viví el día de hoy. Incluso tuve un lapsus en el que le exigí a Ket que saliera de la cueva y tomara mi lugar para volver cuando el tormento terminara. Si me oyó, hizo como que la virgen le hablaba [esa expresión la aprendí de su mamá].

Para variar me acosté a dormir como a eso de las 4:00 horas, es culpa de Carlos porque me pasó el link del canal de YouTube de los Muppets y, de video en video se me fue la noche. Si sabes inglés y no tienes un particular desprecio por esa sección de tu infancia que pasaste mirando Plaza Sésamo, te recomiendo que te pases por el canal, los comentarios sarcásticos de los viejos Statler y Waldorf son de lo mejor, si tienes un sentido del humor simplón, claro.

Como sea, el punto es que me levanté como a las 10:00 para bañarme, me vestí en friega, me arreglé en friega, desayuné en friega y todo para que Reforma estuviera cerrado. La cita era a las 12:30, el padre de Ket y yo llegamos a las 12:31 [el padre ya estaba traumado por llegar tarde, tienen una especie de obseción por la puntualidad en esta familia, claro que en casos de consultas médicas no podría estar más de acuerdo]. El doctor seguía con un paciente así que nos hizo esperar unos 25 minutos, en los que vimos un pedazo de “Las Locuras del Emperador” en Disney Channel, antes de atendernos.

Es un consultorio de lo más agradable, el doctor es amable y tiende a platicar y bromear. Todo iba bien, hasta que sentí el primer piquete de la anestesia. ¿Sabes qué es lo peor de la anestesia odontológica? Que no es un piquete y ¡zas! Listo. Sino que son varios, muchos, muchísimos piquetes en varios lugares en cantidades mínimas. Tarda en hacer efecto y comienzas a sentir la mejilla y la mitad de la lengua un hormigueo y la sensación de que se pusieron obesísimos. Pero como si eso no fuera suficiente, el doctor te sigue picando y picando buscando espacios perdidos.

Unos tortuosos 15 minutos después, comienza el derramamiento de sangre. Me cubrieron con una tela para no ensuciar la ropa, porque aunque no sientas ni te des cuenta, la sangre brinca y brota por todos lados. Bajo los efectos de la anestesia, no sientes dolor, pero como está cerca del oído, sientes y escuchas como pican y raspan para buscar la muela, y raspan y pican, y pican y raspan, te absorven la saliva, cierras los ojos y te comienza a doler la mandíbula, y pides y suplicas que termine pronto. Pero nooo. Como la muela esta metida bajo el hueso [en el peor de los casos, y fue el mío] sacan el minitaladro que hace el sonido más chirriante e irritante que te pudieras imaginar, lo acercan al hueso y alcanzas a ver cómo brinca el agua que distribuye y con un aroma peculiar que prefieres evitar, entonces no respiras hasta que lo dejan de usar, pero en el inter sientes escalofríos y ganas de salir corriendo. Cuando por fin te han sacado la muela, ni te das cuenta, entonces te suturan y san se acabó. O eso crees, porque ¡todavía falta la otra muela!

A la mitad del proceso me dolió, y tuvo que volverme a picar para ponerme más anestesia.

Por fin todo termina, y te enguajas. Sientes miedo de morderte el cachete interno porque no eres ni capaz de medir la fuerza de tus mordidas. Tienes los labios resecos y te duele de la mandíbula como si hubieras mascado chicle por dos días seguidos.

Pagas y agradeces por tu tortura, y te vas a casa.

De acuerdo, la experiencia sí es así de traumática, pero definitivamente es mejor sacarse las muelas del juicio que esperar a que te empujen más los otros dientes y te enchuequen más la dentadura [lo que puede traer consecuencias aún más desagradables]. Así que, si tú lector, tienes que hacerlo, lamento si de alguna manera te intimidé, pero no te eches para atrás, dejarlo para después puede ser P-E-O-R.

Cuando llegué a casa no tenía la medicina para el dolor, así que el padre de Ket fue a conseguirla. Regresó, me la tomé y me tumbé en la cama. Me quedé dormido con una de esas cosas que se congelan para aliviar la inflamación. Aún no estoy tan inflamado, a ver mañana como amanezco.

Al cabo de un rato me levanté para ver una película en familia, comí para poder tomarme el antibiótico y seguí unido a mi hielo como lapa.

El padre de Ket es el hombre más obsecionado con la Navidad que he tenido oportunidad de conocer. Desde que Ket tiene memoria, esta época del año está repleta de adornos y no se hace otra cosa que ver películas características de ésta. Esta vez fue el turno de “El Mejor Regalo” o “Todo lo que quiero para Navidad”, la película no es muy conocida pero hay algo curioso con este asunto.

Hace años, cuando Quiphoot todavía no había nacido, dejaron la videocasettera en automático para grabar una película porque la familia saldría. Cuando volvieron, se encontraron con que se habían equivocado de canal y lo que se había grabado resultó ser esta peculiar película que pareciera que gira en torno a un ratón al que nombran “Bola de Nieve” [hoy en día, para verla, siguen diciendo "hay que ver Bola de Nieve" en vez del nombre original], la película ya estaba comenzada cuando la grabación comenzó, y quedaron tan fascinados con ella que se convirtió en un clásico familiar. Cada año se sentaban a verla con todo y comerciales [aunque los adelantaban] al grado de memorizar qué comerciales habían antes de que volviera a comenzar para ponerle “Play”.

Fue apenas hasta hace un par de años que el non plus ultra padre de Ket la consiguió en DVD. Hasta entonces conocieron el verdadero principio de la película. En fin, el padre de Ket salió a cenar con un amigo y se perdió el final.

Cuando acabó pusimos el Espisodio VI de Star Wars [sí, esta familia es adicta a ver películas] porque hace como tres días nos echamos el IV y el V. Creemos que no debieron quitarle la máscara a Darth Vader porque se parece al tío Lucas de los Locos Adams, y asesina completamente el encanto de este personaje que se esconde tras el casco misterioso y tétrico que lleva siempre. Mínimo fue incinerado con todo y máscara, si no, nos hubieran llorado los ojos.

La madre de Ket se subió a dormir, llegó el padre y yo esperé a que Quiphoot estuviera listo para apagarle la luz. He de decirte que es todo un show. Se cambia no sólo la ropa casual, sino la interior también. Se lava los dientes, se lava las manos unas diez veces, acomoda su cama, se acuesta, hay que taparlo, cerrarle la ventila [aunque normalmente está cerrada, es paranoia de él], apagarle la luz, cerrar la puerta y todavía responder a los “buenas noches” y “te quiero muchos” que grita mientras te alejas de su habitación.

Así fue el día de hoy, y heme aquí, por fin escribiendo mis emocionantes y traumáticas aventuras en la vida de una adolescente con problemas existenciales. Triste y patético. Pero ya pasará.

Saludos.

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Shen Long

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Shen Long

Al rato escribo. Bueno, mañana. Mañana sí lo escribo. Sin duda hoy lo haré. Esas y muchas otras frases pasaron por mi cabeza para evitar escribir. Me avergüenzo de mi falta de compromiso, pero gran parte de la culpa es de Ket.

Poco a poco me he dado cuenta de que sí hay quienes leen esto. No hay comentarios, lástima, no es algo que pueda pedir, sino algo que harás sólo si te apetece, por mí está bien. Sin embargo, a veces me pregunto por qué lo hago, ¿por qué escribo lo que está pasando a mi alrededor? Es un medio de comunicación y espero respuesta, pero tal vez me estoy apresurando porque, después de todo, no a todas las personas les interesa leer sobre la vida personal de otras personas. Hay suerte, porque ni soy una persona ni la vida es tan aburrida, después de todo.

Ha estado haciendo mucho viento por aquí, en mi tierra yo era el encargado de hacerlo soplar, aquí lo hacía Ehécatl-Quetzalcóatl, pero no estoy seguro de quién lo hace hoy en día.

El mismo día que redacté lo de la Noche 9, me encontré en el Messenger con Santiago, que si se entera de que hablo de él a desconocidos me lo haga saber, aunque lo dudo. Sigue en clases, a ver si se anima a tomar un café, como diría Ket, que ya no le saque. En fin, él y varios amigos y amigas más están en la lista de recuperación de Ket. De entre ellos Nayeli y Alan. En sí, no siento que a Nayeli la haya perdido, es sólo que vive muy muy lejos, pero por alguna extraña razón que no logro descifrar, Ket le sigue guardando mucho cariño y a pesar de no verla en años, la sigue considerando su amiga, como si la tratara diario, excepto por los obvios detalles que se pierden y de los que se va enterando uno después.

La verdad, esto de los amigos es algo complicado, hay que mantenerlos a todos contentos. Tiene poco que Ket mandó a volar a uno de sus más cercanos, y bueno, no en valde estoy aquí viviendo por ella, han habido varios eventos que le han pegado, como sea, no soy muy bueno comunicándome, creo que ella tampoco lo era. Desde que salió de la secundaria aprendió a evitar los “Te Quiero”, “Te Extraño” y demás cursilerías, eso lo debe haber aprendido de Santiago, pero lo desarrolló en la vocacional, no es que no sienta afecto por las personas, es que piensa que esas palabras son demasiado fuertes y para decirlas tienen que ser el momento indicado, con la persona indicada. Sabe que no es hipocresía cuando le escriben un TKM, o le dice “Te Quiero Amiga”, pero ella no se sentía natural al decirlo; no me siento diferente al respecto, ni siquiera conozco a estas personas, así que la forma de pensar de Ket me facilitó muchas cosas.

Creo, más bien, que se volvió de corazón duro y una de las cosas que han permitido que sus amistades se desvanezcan, es su orgullo. Su motto llegó a ser “toco a la puerta tres veces y si no es abierta, me doy la media vuelta”, cuando no ve correspondencia, no es capaz de seguir insistiendo; busca algo de interés en las otras personas, si no lo demuestran, sigue su camino. Últimamente, algunos de éstos amigos los he logrado contactar, pero, no voy a ser encimoso y desesperado como ella llegó a serlo, si quieren verme, está bien, si no, también, igual los seguiré saludando en el internet hasta el fin de los tiempos. Quizá dentro de unos 20 años, cuando sean padres de familia, quieran reecontrarse, no lo sé, quizá siga aquí, y quizá no.

El día de hoy, tuve la conversación más larga que he tenido con Alan; no fue exactamente un fracaso, pero estoy seguro de que Ket no lo hubiera hecho mejor, es casi como un desconocido y no sé ni como sacarle conversación, es difícil e incluso algo incómodo. Para empezar quizá debería aclarar que, este personaje del que hablo, fue muy importante mientras estuvo Ket en la vocacional. Por lo menos durante un tiempo. Para ser más precido, cuando ella estaba en segundo y en tercero, después vino un pequeño distanciamiento como el que sufrió con Nayeli, pues él ya estaba en nivel profesional y claro, tenía otras cosas que atender, lo cual es del todo comprensible. La hecatombe se dio hace como 2 o 3 años, por razones que no alcanzo a distinguir, se hizo un largo periodo de indiferencia en el que muchas, muchísimas cosas pasaron en las vidas de ambos, claro que, por separado, pero cuando Ket se percató del hecho, e intentó revertir el efecto, todo falló. Por un largo periodo no hizo acto de aparición, ni correos, ni mensajes del Messenger respondía él. Ket, como ya dije, terminó por rendirse.

Hasta hace poco fue que lo volvió a intentar, y tuvo éxito, pero a medias. Como todo, nada volvió a ser lo mismo.

Fue mucho más fácil entablar conversación con Cristopher, con quien Ket compartió banca todo un año en la vocacional. Está por demás decir que eso le dio un buen lugar en la lista de amigos de Ket. Sin temor ni inseguridad le pude dirigir la palabra y hablar como Ket lo haría.

Creo que hay otras situaciones con Alan que debería contemplar, las posibles razones del distanciamiento y otras cosas que con amigos como Cristopher no sucedieron, pero no me atrevo a plasmarlas porque Ket se enfadaría. Creo que lo que necesitan es un poco de café y una larga y sincera charla. Aunque dudo que eso se de en un futuro próximo, a menos que él muestre señales de interés. Si se logra, pueden pasar dos cosas: 1) que nunca se vuelvan a hablar o 2) que recuperen su amistad.

En fin, de humanos yo qué voy a saber, sigo aprendiendo. Pero si alguna vez encuentro a Dilong, habrá mucho de qué platicar.

Por cierto, el lunes hice algo que me valió las miradas de desaprobación de los padres de Ket. Chin. No pensé que fuera para tanto, en fin, lo hecho hecho está. Ya te contaré qué fue.

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