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Esta fue la primera semana que asistí genuinamente a clases. Permíteme explicar. En la ENAP existe lo que llamamos “Semana de Ajustes” y es la segunda semana en que se entra a clases; durante esta semana tenemos la opción de modificar nuestro horario y acomodarlo como nos venga en gana. Bueno es un decir eso de que “como nos venga en gana”, porque en realidad debemos adaptarnos al cupo de los grupos. Personalmente pienso que es una estupidez que la semana de ajustes sea después de entrando a clases porque, simplemente perdemos clases y ese fue mi caso. Organicé mi horario como pude, porque al final dos maestros que quería no tuvieron cupo y tuve que readaptar todo otra vez, girando en torno a los maestros que sí tenía y que quería conservar. Logré un horario de cuatro días de escuela, más concretamente lunes, miércoles, viernes y sábado. El viernes es mi día más ocupado así que las jarras se quedaron fuera. Ket no era muy bebedora de todas maneras pero el coto era divertido.
Descubrí el transporte público cotidiano, y lo práctico que éste puede ser. El año pasado Ket tenía la disponibilidad de un automóvil, lo cual la obligaba a conducirlo y eso implica concentrar los sentidos en eso y nada más, salvo quizá, escuchar música. El transporte puede estar hecho una piltrafa, pero hace un paro, no vienes cuidando autos y quemándote en el sol (si te toca del lado de tu ventana), además de que puedes leer si tus traslados son largos; y vaya que lo son. Unos 40 minutos de metro y otros 40 de microbús hacen en total mi transporte, a veces más, pero nunca menos. Llevo leídas dos “Monster Edition” de cómics de Marvel y dos ediciones grandes (no tanto como las monster) de DC; quizá no parece mucho, o incluso algo ridículo; mucha gente va leyendo libros lo cual también es productivo, pero ya que nos vamos a enfocar a la ilustración, es conveniente ir conociendo de este maravilloso e incomprendido medio de comunicación: el cómic.
El último que leí fue “Secret Invasion: Avengers The Iniciative #1″, particularmente disfruté este librón por las ilustraciones de Stefano Caselli y decidí que él será mi modelo a seguir, sin embargo, no quiero dejar de lado al colorista Daniele Rudoni, que hicieron un equipo impresionante. La verdad no sé qué decir, el plagio es el pan de cada día, pero no es mi intención hacerlo. Sí, el estilo de Caselli será de hoy en adelante una gran inspiración y por un tiempo podré ser como su clon, pero a medida que el tiempo pasa y se va uno influenciando de más artistas, sé que lograré despegar. Claro que ya no hay nada nuevo, no ostento a desarrollar un estilo original e innovador, pero sí al menos uno que me distinga.
He descubierto, además, que el mundo es muy estrecho. Poco a poco se va abriendo la panorámica y te das cuenta de que, después de todo, no estabas tan verde y que, sí, falta mucho por recorrer, pero al menos ya sabes hacia dónde mirar. Esto es muy ambiguo, pero la verdad sólo me refiero a este mundillo del cómic, por ejemplo, antes mi visión de Batman era “héroe de los años cuarentas que empezó siendo un poco ridículo y se fue volviendo oscuro, debido a que un montón de autores le han metido de su cosecha a la historia”, ahora sé que Batman nació en 1939 como respuesta o contraparte a Iron Man, otro héroe que carece de superpoderes; que sus creadores son Bob Kane y Bill Finger, que éste último no es reconocido, y que también fue oscuro al principio, se volvió más alegre con la aparición de Robin y luego ridículo (para nuestras épocas) con la serie de los 60’s; pasó por las manos de varios autores entre ellos Frank Miller y Bruce Timm; grandes influencias en la historia por el trabajo cinematográfico de Tim Burton, series de Television como Batman a secas y Batman del Futuro, y casi por último terminó en Cristopher Nolan, quien levantó muchísimo al personaje después de la *ejemfinguimosquenuncapasóejem* catástrofe de cine de los 90’s que fue paralela a la edificación de nuestro Batman The Ride en Six Flags. Como sea, para el ojo intelectual, todos estos detalles parecerán una estupidez, después de todo, el mundo se acaba en el 2012, así que, ¿a quíen rayos le importa de dónde salió Batman? Al punto al que quiero llegar es a que, teniendo una noción de las cosas te das cuenta de dónde tienes que rascar para conocer el todo de un algo en específico, ya no sientes una laguna o una extensa nube de ignorancia en tu cerebro, ves las cosas con más claridad.
En fin, regresando a la escuela. Me siento… raro. Es decir, tengo recuerdos de cuando Ket iba a la escuela y, bueno, todo su mundo giraba alrededor de la escuela. Ahora no es así, siento a la escuela como un plus, como algo que hago pero, que al mismo tiempo, no es lo más importante en mi vida. El padre de Ket me dijo que eso es bueno, no sé a qué se refiera porque, yo me imaginé que para un padre como el de Ket, el que sus hijos le dedicaran un 80% de su vida a la escuela era su mayor fuente de seguridad. La escuela, podría decir, bajó de nivel de importancia. Sí, es una guía y sí, me ayudará con mi futuro y blah, blah, blah; pero se supone que es el ahora el que estoy viviendo, en teoría, las personas acuden a la escuela para preparar su futuro y tienden a olvidarse de lo demás; y no me refiero a que no se vayan de peda o tengan sexo desenfrenado con personas que ni conocen (independientemente de que valoren la escuela o no), sino a una cadena que te ata a esa responsabilidad tan grande como la escuela. Vaya, no sé cómo explicarlo, en pocas palabras: la escuela no es todo (amigos y familia aparte), hay otras mil maneras de enriquecer lo que somos, lo que hacemos y lo que queremos; no voy a esperar a que me enseñen a dibujar para hacerlo, ¿me explico?
Agh, tal vez ni yo me entiendo. Como sea, mañana hay unas conferencias en el Palacio de Minería sobre Cómics, ir o no ir… ése es el dilema…









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