De Cobardes y Guerreros. Parte I
Escrito por Ahtkel en Aberraciones, Ahtkel, Debrayando el Clutch, Fuera de Mamada, Será usado en mi contra, Sopita de Letras, mArtesEn este mundo y en otros donde existimos. Hombres, guerreros y cobardes son; algunos fuimos guerreros y otros más somos cobardes. ¿Qué escinde realmente a un guerrero y a un cobarde?
Resulta sumamente sencillo culpar a nuestra educación, decir que fuimos criados de una u otra forma o argumentar que nuestras circunstancias fueron propicias o aciagas es sin duda fácil. Mas observa atentamente lector, mira en los abismos de tu ser y contesta, pues he mirado dentro de mí y responderé. ¿Acaso no tomamos tu y yo la final determinación de la dirección de nuestras acciones?.
Irrelevante es la religión que profesas, el culto que sigo; al final sabemos consciente o inconscientemente que nada sucede si no ponemos en el último instante previo a la ejecución del acto, el necesario ápice de voluntad para que las cosas sean o no.
¿Cómo nace un cobarde? Viajemos pues a nuestras infancias, el parto de un cobarde comienza ahí. Deseo reiterar que la educación no es determinante mas indudablemente es un factor. En mi sociedad (ignoro si en la tuya) existen infantes varios, pero dos tipos son claramente identificables. El presente escrito hablará del llamado “Bien portado”. Su educación ha sido formada en normas, preceptos que jamás deben ser rotos.
El más recordado es el respeto incuestionable y ferviente hacia los padres, que con el devenir de los años se convierte en máxima inamovible y conlleva la obligación, por condicionamiento, de la obediencia. El niño no “puede” desobedecer pues faltaría a aquella enseñanza primordial y ofendería gravemente a quienes la vida le dieron; esta excrecencia de culpa es acompañada de la reprimenda, siempre psicológica y en ocasiones física, su unión forja, palmo a palmo, la personalidad inconsciente del cobarde.
El proceso es simple y se explica así: El niño no desobedece, luego entonces, no recibe castigo. No desobedece, no porque no lo desee, sino porque teme ser reprendido. Tal proceso se hace inherente a su vida y ocasionalmente extensivo a otros entes, abuelos, tíos, maestros, etc. Generalmente el “Bien portado ” mantiene una relación “correcta” con sus mayores.
Ellos, en contraposición del daño que ocasiona la culpa “recompensan” al pueril sujeto con halagos, siempre psicológicos y a veces físicos que sólo promueven el estado de sumisión en el chiquillo: El niño obedece, luego entonces, es “recompensado”. Obedece, no por que lo desee, sino porque teme la consecuencia represiva y a la vez anhela el aliciente que el adulto le obsequia.
Esta constante crea conceptos como bueno y malo, correcto e incorrecto, conveniente e inconveniente, los cuales signan al sujeto durante su desarrollo y le llevan a creer que su forma de vida es buena, correcta y conveniente; así pues crea para sí un mundo de verdades absolutas e inamovibles donde lo único válido es el orden lógico y todo lo que sale de sus parámetros es inaceptable y ocasiona conflictos de “difícil” resolución además de una tortuosa desesperación por restablecer aquel orden primordial.
Crece con temor a arriesgarse y repudia lo impredecible, ahora cree que es mejor saber todo lo que sucederá en cada instante de su vida, se vuelve controlador y olvida sorprender y ser sorprendido; cae entonces en la monotonía, se transforma en uno mas, es ahora parte del conjunto humano y no pieza ponderante de su esencia.
Cede siempre la iniciativa, espera a que otros hagan para atreverse a a hacer, actúa por imitación, pues teme lo que desconoce. Teme ir mas allá que los demás, pisar allende su vista no alcanza a vislumbrar; busca siempre la seguridad y predecibilidad de lo que hace y es ahora espectador de su propia vida.
Mas ni siquiera disfruta tal visión, ha creado ya el espectáculo entero y sabe cada verso, ademán grito o gesto de todos los actores; hastiado como está de todo comienza a desentenderse y atarse a la desidia. Así pare al ignominioso ente: Mediocridad, vástago que le devorará impasible si la inacción rige aún su existencia.
En relación a su vida, busca siempre complacer a otros, generalmente a quienes admira o respeta, sin embargo lo que ansía realmente es la sesnación de la “recompensa” que una vez se le dió por actuar así. Vive por y para todos e inconscientemente se olvida de si, sus placeres, necesidades deseos y afanes quedan relegados a segundo término, en el mejor de los casos.
En su universo las cosas “Deben” ser de tal o cual forma para que puedan ser buenas, correctas y convenientes, lo anterior, cuando es inflamado en sobremanera deriva en intolerancia y menoscabo de otras concepciones de la vida; crea elitismo, arrogancia y cerrazón.
Con suerte dicho sujeto tendrá una apacible vida, un “buen trabajo”, una carrera profesional, una bella familia, etc. y perpetuará el ciclo; craiará cobardes con las mismas ideas que él no habrá ya cambio y la mentalidad perdurará, pues la fórmula ha funcionado, en su vida no falta ni sobra nada y vive sin desear mas.
Si no tiene tanta suerte (o tal vez si tiene más, cuestión de enfoques), toda esa carga de preceptos, conceptos, concepciones e ideas explotará dentro de su ser y si el sujeto no lo resiste posiblemente termine de tajo con su banal existencia. O bien puede suceder que dadas circunstancias especiales, el sujeto aprenda que las cosas “NO Deben ser” sino que sólo SON.
Finalmente diré que lo que aquí he expresado no es más que un simple bosquejo y que existen guerreros que siguen el citado patrón pero jamás olvidan su vera natura, son guerreros a pesar de todo y todos. Tal vez mis ideas sean para alguien una afrenta, mas mi propósito no es ofender; plasmo una visión desde mi posición de cobarde en transcición y no pretendo que tan particulapensamiento sea bueno, correcto o conveniente. Ahora ya puedo decir que conozco sólo que ES.









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