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Han sido días muy agitados. Al final no asistí a clases porque caí enfermo, es una suerte que la semana de ajustes sea esta, porque así no se notará que falté. He andado muy ansioso, ni el té de hierbas logró hacerme efecto pero al menos terminé de hacer el libro “What do I want to do with my life?” en compañía de Ket para saber hacia dónde vamos con precisión. Lo cierto es que aún quedan algunas lagunas pero, la decisión está tomada, la convertiré en una ilustradora profesional; grandes esfuerzos habrá que hacer porque la habilidad la tiene a medias, pero al menos sabe observar e identificar errores.
Ha pasado una semana y no hemos visto a la prima, prometimos vernos el 13 de Febrero para una peda de San Solterín, es una pena que no haya día de los solteros porque bien que mal también se disfruta. Tiene poco pero por fin comprendí un concepto que siempre pensé que era irrelevante, el concepto es “síndrome del primer amor”. Por supuesto que para alguien escéptico puede sonar bastante ridículo, pero después de platicar con varias personas sobre sus vidas y sobre sus primeros amores, llegué a una conclusión: el síndrome del primer amor es real, y le pega a todos como si fuera una bómba atómica cuando se acaba.
Y es que la primera experiencia de amor en la adolescencia es de las más sinceras y entregadas que pueden existir. Das tanto y esperas tanto de esa relación que piensas que nunca se va a terminar, pero algún día ha de acabar y ese día te sientes como si se hundiera el mundo. Si mientras lees esto estás pensando “que tontería, eso no me sucedió a mí”, es porque no has vivido tu primer amor; no importa si eres el dejado o el dejador, tampoco si fue por mutuo acuerdo, el síndrome del primer amor es, posiblemente, una de las primeras cosas que serán capaz de tirarte hasta el fondo de un abismo. Ahora que si tienes 73 años y aún así no lo has sentido, ¡qué bárbaro! ¡qué frivolidad!.
Sin embargo, aún cuando culpo al primer amor por el sufrimiento posterior, tampoco considero que sea algo fatal. Después de todo es una experiencia y aprendes de ella, la disfrutas. Cuando estás en la adolescencia y te enamoras, amas de una forma tan sencilla y sincera que no crees que pueda existir nada igual, y no lo existe. Después del primer amor ya nada es lo mismo, pero con esto no quiero decir que no valga la pena, simplemente, si vuelves a vivir otro gran amor y se acaba, no sufrirás tanto como la primera vez.
Ahora bien, si digo todo esto es porque por fin descubrí la fuente de todos los altibajos de Ket: el síndrome del primer amor, y agrénguenle hormonas femeninas, resultado: desastre.
Y sí, saber que no es cosa de ella, sino que le pasa a otros, es un alivio, porque al menos sabemos que no tiene tendencias maníaco-depresivas, se puede decir que lo que pasó fue normal. Y quizá algunas personas lo manejen de mejor manera a como ella lo hizo, y también las habrán que lo manejen peor. Por poner un ejemplo, su ex, mejor conocido como Edgar y seguramente lo conoces, siguió con su vida, seguro las pasó negras también, pero al menos no dejó la escuela. Por otro lado, su prima Ana hasta dejó la escuela definitivamente y se descarriló, resultado: está embarazada. No la juzgo, cada quien tiene sus propios problemas, sólo que ahora puedo ver con ojos más objetivos las cosas que pasan en la vida de otros y por qué pasan así; Ket dejó la escuela, sí, pero al menos ya vamos a regresar, ¿qué tal? Sin embargo, no se volvió alcohólica, ni drogadicta, ni fumadora, ni fiestera… o sea, nada, se recluyó en sus libros y cómics de historias fantásticas y hasta ahí, bueno, sí se agujeró y se tiñó el cabello, pero ¿eso qué? Creo que fue bastante más saludable porque, créelo o no, tenemos personas en la familia que sí son bien parásitos y lacras, y parte de la culpa de ello es el síndrome del primer amor.
Así de fuerte pega, pero nos pega a todos, hasta a mí, que soy un espíritu; saludos a Dilong, por cierto.
En fin, estamos en los comienzos de realizar varios metas, así que más vale irse a dormir para comenzar la semana con el pie derecho. Suerte con el primer amor.









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